viernes, 19 de noviembre de 2010

[ Me gustas puta y adúltera ]



Me gustas puta y adúltera
lo he pactado conmigo mismo.
No negarás tu imagen ni el espejo,
no irás simple
a lo complejo.

Me gustas tú y me gustas tuya.
Nada no puede dejar de ser yo,
y necesito que seamos dos.

Cruda, dura, de punta.

Dura y adúltera;
tuya, puta y de punta.
Cruda. Tú. Me gustas. ¿Te gusto?




miércoles, 10 de noviembre de 2010

EL ENTIERRO, primero de noviembre de un niño joven que aún ve lejos (laguna de la muerte)




Un sólido cortejo fúnebre
resquebrajado por dentro
sigue acompañando el paso.

Ya no hay de eso.

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El artista fue Lope de Vega.
Y otros que hubo tiranos, y otro más
(que como yo) predicador;
también los hubo buenos
los menos, seguro los últimos
de gozar de la gloria empática,
hipnótica. ¿Qué importa?

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La humanidad está herida de muerte;
ese momento después del teatro
solo es el lazo, que sueña el que vive:
el dolor del vivo änte la muerte.

Si no lo respeta, el rito, se pierde
una exigencia infinita no cesa,
y se pierde para siempre
esa voz de los poetas.

Ilustre, es de quien nadie se acuerda
y cada día que un hombre se ahoga,
su voz, en la laguna de la muerte.

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Pues ya no hay de eso y yo me río.

Inmensa imagen muda, río Duero
que fluye sin descanso y sin motivo,
no es más huero lo que nadie ha oído.

Y porque solo así tú puedas descansar
tranquilo y dilo para ti
y por lo haber vivido.


domingo, 7 de noviembre de 2010

Pespuntes

A veces, cuando se me rompe el alma, cojo la aguja más larga y el hilo más fino para intentar coserla. Pinzo con mis dedos el lado más vulnerable, el que más fácilmente se rasga, y con sumo cuidado dejo que la aguja lo atraviese en sentido anteroposterior. Y es cierto que duele, pero con cada puntada que voy dando, noto cómo cada pedazo se conecta con los otros y dejan que vuelva a sentir, que sigo viva.

Y me visto con ella por dentro, de nuevo, cuando la he terminado de remendar. Cada vez me queda más pequeña, porque siempre se pierde algún fragmento y tengo que unir dos que no se corresponden, pero por lo menos, me calienta eso que creo que es el corazón. Y así tengo menos frío.

Aunque siempre hay alguna esquirla en las esquinas, un resalte salido, un pico vivo que araña y muerde, que vuelve a desgarrarla de nuevo.

Y vuelta a empezar, y cada vez me apetece menos.

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S.S

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Ruinas del Tercer Reich

Todo pasó como él imaginara,
allá en el frente de Smolensk.
Y tú has envejecido -aunque sonrías
wie einst, Lili Marlen.

Nimbado por la niebla, igual que entonces,
surge ante mí tu rostro encantador
contra un fondo de carros de combate
y de cruces gamadas en la Place Vendôme.

En la barra del bar -ante una copa-
plantada como cimbel,
obscenamente tú sonríes.
¿A quién, Lili Marlen?

Por los rusos vencido y por los años,
aún el irritado corazón
te pide guerra. Y en las horas últimas
de soledad y alcohol,
enfurecida y flaca, con las uñas
destrozas el pespunte de tu guante negro,
tu viejo guante de manopla negro
con que al partir dijiste adiós.

Jaime Gil de Biedma

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sábado, 6 de noviembre de 2010

Niebla

Esto no es un espejo. Este no es mi reflejo. Que quede claro, no te estoy buscando. Pero he dejado que reine el desconcierto. Porque si yo grito tu nombre y tú no respondes, me siento solo. Y sé que ahí estás, delante de mí, sujetando con tus manitas de muñeca mi ruda mandíbula, pero no estás ahí, delante de mí, sujetando con tus manitas de muñeca mi rudo mentón.

Y entonces, pongo esa canción que me hace sufrir, porque me recuerda a cuando creí que algún día podías llegar a quererme. Dice que siempre te echaré de menos, a ti.

Y la creo, es una canción sabia que habla de cómo he llegado a un nivel de masoquismo tal, que hasta firmo con tu nombre. Y eso duele, muñeca.

Pero canto el estribillo, aunque ya sabes que mi voz canta todo igual, y me paro al recordar cómo me la tarareabas tú al oído. Eres azúcar que se pega a las paredes de mi cráneo, y alimenta a mi cerebro con dulces momentos que jamás se repetirán. Y eso duele, muñeca.

Y entonces termina, termino y yo acabo con ella, contigo, conmigo, y con el Mundo…Y miro otra vez por el retrovisor, por si acaso tu cara asomara para hacerme ver las estrellas. Tú siempre dueles, Julieta.



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S.S

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Chocolatea tu leche

¡Amigo del final de la barra! ¡El mundo es un lugar inhóspito cuando la droga no te ha hecho efecto! Porque si estás sentado en una silla mientras ella baila, toca, abraza, bromea, charlotea con ese amigo suyo que nunca te cayó bien (¡¡¡y ya llevan 25 minutos!!!) no es su culpa, ni la tuya, es porque a las fiestas va uno drogadito de casa o luego se achanta.

No seas alma en pena, corazón, no te lo tomes a pecho. Esos pucheritos que le haces solo le cargan un poco los hombros, pero en el próximo Tequila Sunrise ya se olvidará y se convencerá de que estás por ahí pasandolo bien. Porque aprende algo amigo: lo nuevo atrae y lo viejo reconforta. Y tú estás entre dos tierras.

Pero dentro de poco podrás empezar con la gymkhana. Prueba uno, yo me voy, prueba dos, qué te pasa, prueba 3, nada. Ella se despide usando algun tipo de broma local. Tienes motivos para enfadarte pero recuerda que ahora eres el paleto del pueblo, y para ganar juicios en América además de la razón hay que tener dinero. Tendreis bronca, llorará o no y si tienes suerte podrás agotar uno de tus dos o tres comodines y escribir una cruz en el hombre. Si no tienes suerte, el otro habrá anotado un tanto. Ahora, los cálculos no salen; tienes menos cruces que hombres en el mundo se acercarán a ella con o sin objetivo de morderle los pezones.

Aprende a diferenciarlos o vete drogadito de casa, y te lo digo porque yo soy como tú y me pasa no con chicas si no también con chicos y por eso nunca digo que no a pasar un rato al baño. Erre dice "pongámonos la última" y los dos sabemos que aun quedan unas cuantas, nunca digas que no a una invitación al dolor ni a la anestesia. Salgo de baño y apenas sonrío y la veo a ella y veo a través de ella y ella nota toda esta translucidez y comienza a picarle dentro de la cuenca ocular. Ahora soy yo el que ha avanzado una casilla.

Puedo hablar durante horas con el mas cateto de la sala, no sé, alguien que haya descubierto a Ray Loriga o crea que en Barcelona sería feliz. Alguien que me diga qué es la puta literatura mientras yo solo pienso en cuanto tardará exactamente en disolverse la bombita dentro de mi fernet con cola. Y él hablándome de no se qué imágenes, de pelis asiáticas con niños, y yo pensando en cuando habrá metido la polla por última vez. Frases que empiezan por "no exactamente" y la palabra literatura apareciendo de manera abusiva. La literatura es la puta delante de la cual no se te levanta por las noches, hipster. Y ya llevamos 2 horas y media y mi chica --si me disculpas-- quiere irse, qué le pasa, nada. La próxima vez quizás me disculpe, SMITH, por romperte esa botella entre los dientes, chiste local (o quizás no).

En casa ella me acunará con una felación imposible y yo golpearé la cabeza contra el cabecero de madera y me haré un poco de sangre, me dormiré despacito, sigues al fondo de la barra, aún no has decidido qué hacer, recuerda que la vida no espera y ella nunca, nunca tiene la culpa. Y tú tampoco. Pero anímate, ¿quieres?. Te vendrá bien un poco de fiesta.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Gâteau

Yo no sé, corazón, que se espera de mí. Miro mis manos cubiertas de chocolate para repostería y pienso en que a veces sí soy dulce.

Estoy mirando las huellas de harina que he ido dejando al dejar caer, gramo a gramo, la montañita que soportaba la cucharilla y pienso que soy débil.

Y luego me agacho a limpiarlo y me doy cuenta de que también ha goteado la moka, la yema y la mantequilla. Me doy cuenta de que no sólo ha resbalado la leche, de que no sólo he tirado el azúcar y de que también han escurrido los alegres fideos de colores.

Me arrodillo y el horno se ríe de mí con su mecánica voz de resistencia vieja. Le llamo por su nombre pero no me contesta. Antes, dejó de funcionar, cuando le puse el mote de “Führer”, porque su carácter dictatorial me obligaba a utilizar tiempos cortos de cocción y sólo los días en los que a él le apetecía. Una llamada al técnico le quitó la tontería. Ahora me odia y chamusca todo lo que introduzco en su rectangular boquita.

Miró mi rodilla izquierda y me maravillo con mi asombrosa capacidad para pringarme aún estando cubierta con un delantal que bien podría ser mi camisón. Soy una pringada. Soy una pringada y además llaman a la puerta. Tengo las manos pegajosas, los pantalones como si Rambo me hubiera arrastrado con él por el barro de Camboya y un pegote en la frente en el cual no repararé hasta que mi vecino me mire raro y directamente al entrecejo al abrirle la puerta.

Sí, qué quieres, intento hacer algo productivo y endulzar haciendo pasteles. Soy de las que si les dices que has tenido un día de mierda te van al día siguiente con una fiambrera (el Tupper está pasado de moda, ahora se lleva lo retro) llena de bizcochos de chocolate, pero sigo siendo un desastre, capaz de generar el caos universal desde mi cocina.

Por mucho azúcar que le eche, la pata de la mesa se interpondrá en mi camino y volaré con las orejas hasta aterrizar con la barbilla en la baldosa más cercana, y sí, tampoco sé untar, ni espolvorear, ni remover, ni moverme, ni vivir sin involucrarme, ni mancharme, ni llorar sin que se me corra el rimel. Qué pasa, soy así. Para eso está el jabón, para lavar aquello con lo que la vida me pringue.

Y puede que tampoco sepa cómo hacer para estirar las 24 horas de un día, y me tropiece y vaya corriendo a todos lados. Y claro que abarco demasiado, y quizá ni siquiera sea lo suficientemente competente como para encender un horno viejo y gruñón, pero tú ven un día a contarme que no sabes cómo hacer para tirar. Tú dime un día que quieres correr y no sabes ni hacia dónde, tú dime que no sabes dónde estás…Y yo te señalaré mi Norte.

Ey, tú, vecino, deja de mirarme la frente con cara de tocino. Y dime, ¿a qué has venido? No, no tengo molinillo. Pero si quieres te puedes llevar los pedazos de la que era, de la que tenía amarrada en el bolsillo y que rompí cuando descubrí mi nueva. Es más salada, sí, pero menos buena.

S.S

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lunes, 25 de octubre de 2010

Suave retrato de Michael Matvéyev

Una gran capa de polvo cubre los libros que un día leyó. Cuesta leer los títulos, ver nítidos los colores, oler las páginas pasadas. Desde aquí todo se ve ocre: lo que un día dio por sentado está calcinado bajo escombros imberbes. “Soy joven”, se repite Michael frente al espejo. Lo engulle vía social-media a todas horas “eres joven, bebe Actimel, tu Opel Corsa TDI a partir de 3.995€”. Puedo asegurar que he visto árboles centenarios menos anquilosados que él, pero lucha contra su entumecimiento y me resulta admirable. Continúa buscando el camino, trata de resumir lo intangible en una mueca y se lava los dientes después de tomar café. Escribe en su muro de Facebook “un neozelandés no puede bailar tango”. Pone emoticonos, pero no sabe que el Bloq Mayús es una tecla. Aún así, es un hombre de nuestra era. Sin ir más lejos, habla sobre metafísica y acerca Katy Perry a partes iguales, con una soltura inquietante.

Michael, desencantado del velo escéptico y vacío que cubría su cubículo en una oficina, pasó ocho meses inmerso en letrinas, tomates ecológicos, panfletos de amor libre y talleres zen. Las cincuentonas del Campamento Honeywell habían vivido Mayo del 68 y la ¿liberación sexual? Seguían caminando desnudas por los prados a pesar de su evidente edad, que se manifestaba en sus carnes flácidas y caídas. Luchaban contra una vejez en soledad en aquel pequeño reducto ajeno al paso del tiempo. Allí aprendió que el misticismo egipcio es una buena medicina para la gente que consume drogas en cantidades industriales, pero no para un buen hombre de ciudad. Michael no encontró su camino allí.

Durante tres meses, día tras día, imaginó su muerte según la visión de sus directores de cine favoritos. Finalmente acudió al psicólogo y éste le recomendó que se suicidara. En el último día de terapia Michael golpeó salvajemente a su psicólogo en la cabeza con un bate de béisbol y empezó a creer en el sueño americano. Cumplió condena durante seis meses en una cárcel-sanatorio. Salió reforzado de aquella experiencia y concluyó que la sinergia de los órganos capitalistas lo habían aferrado al sistema de forma favorable.

Michael trata de resumir lo intangible en una mueca y se lava los dientes después de tomar café. Ahora busca su camino motosierra en mano y escribe en su muro de Facebook: “La violencia no da sentido al sinsentido, pero lo hace mucho más llevadero”. Cuánta razón.