martes, 18 de enero de 2011

Una historia de sangre y sexo que como decís los jóvenes "no vale"

Y si la vida consistiera no sé, en buscar algo que te guste, hacerlo mucho, practicar y luego perfeccionarlo. Luego hablar con los demás de lo mucho que te gusta, hacerlo con más gente incluso. Seguir haciéndolo, hacerlo tu seña de identidad, intentar que la gente lo identifique contigo. Empezar a tratar más con gente a la que también le gusta. Intentar defenderse de los que te critican y dicen no lo haces tan bien como crees, no saber si son peores que los que dicen en realidad no te gusta tanto. Hacer pequeñas variaciones en ello y seguir haciéndolo. Sacarlo de vez en cuando al mundo, escribir sobre ello. Pensar que a gusto estaría yo siempre haciendo esto. Intentar que sea así. Y despreocuparse de la cultura, la política, el planeta, los demás, el éxito y las ingenierías. Y seguir haciéndolo y pensando pero que a gusto se está aquí, sí, que agusto se está aquí.

lunes, 10 de enero de 2011

Amor

Eyaculé sobre el plástico amarillo del envoltorio de aquella hamburguesa, no por ruindad, no por rebeldía, simplemente no tenía otro sitio en donde eyacular. El semen no se llegó a confundir con el ketchup, formó una película por encima y no se mezcló. Ella se había ido dando un portazo y a mi me dio igual.

En el televisor seguían discutiendo. Yo me recliné hacia atrás, hice lo que todos hacemos, suspiré, me sentí culpable, pedí perdón a Dios. Y recordé. Recordé con obscena nitidez ese momento en que una mujer (cualquier mujer, toda mujer) se quita un sujetador, con delicadeza inocente, medida y obligada y por un momento en el universo su cuerpo deja de ser el de Venus y pasa a ser una mortal, una persona a la que mirar cada cara. Una embestida corta y fugaz que la ruboriza. Y ya lo ha hecho y solo quiere escapar o hablar del tiempo. Y te mira y comprendes que es un animal indefenso.

En algunas culturas el amor es asunto de deidades, de sacrificios. Nosotros creemos en algo terrenal, sucio y sórdido. El alivio de la imperfección. La seguridad de la última carta. Ella se había ido dando un portazo y a mí me dio igual. Eyaculé como de costumbre y luego me recliné hacia atrás.

Sus tetas eran solo un monumento a la banalidad del ser humano, al arte entre bambalinas, a la opinión fuera de guión. Sus tetas eran la verdad y el resto, no sé, obligaciones. Cuando volvió a las tres horas y media yo seguía en el sofá, cansado y aburrido y con el miembro fuera.

Se sentó a mi lado y me miró pausada y triste. Dejamos de lado las pieles y nos vimos tal y como éramos. Permanecimos hasta casi las cuatro de la mañana así, mirándonos y descubriendo nuestras tristezas, feos, católicos y sentimentales.

miércoles, 5 de enero de 2011

Por qué no uso blusa

El hombre…Ése gran desconocido. Ejemplar exótico en un mundo femenino, se aferra, ya débil, a las últimas gotas de masculinidad que aún pueden excretar sus poros: algunos ya ni sudan...(Intro musical de documental de National Geographic).

Yo digo que sois todos iguales. Todos. Mal que bien. Unos más que otros. Aunque me pese. Todos. No se salva ni uno (bueno, yo salvo siempre a cuatro). Padres, tíos, abuelos, hermanos…Todos en algún momento se comportan como capullos. Pero un hombre sabio al que admiro (sí, no os odio a todos, sólo a la mayoría) me dice a menudo, que eso que yo llamo “ser un cabrón”, es algo “inherente, inseparable, innato, ingénito y propio a la naturaleza del varón”, y por tanto, debo asumirla tal y como asumo otros hechos ligados a mi sexo. Aunque añade siempre que a pesar de que le alivia mucho el que lo haga, no debo condenar a todo Cristo (y menos a éste).

La primera vez que me soltó tamaña frase, puse cara de “como sigas por ese camino estás muerto, por mucho sinónimo a lo Punset que me sueltes”, me ofendí profundamente y me dispuse a exponer mi punto de vista en un monólogo de quince minutos en el cual daba detalles de la necesidad de modificar ciertos hábitos en la pareja, el porqué de la inmoralidad de la infidelidad, porqué la razón puede salvarnos del salvaje impulso masculino de cagarla, etc…

Tras quince minutos en los que me sentí sumamente inteligente, mi interlocutor me espetó un gran “¿de qué coño hablas, bonita?” tan sonoro, que me bloqueó totalmente. Es verdad, “de qué coño hablaba”. Es cierto que biológicamente, bla, bla, bla, como él me dijo, y que psicológicamente tal, tal, tal, como yo defendía; y por tanto, yo tenía razón, raciocinio sobre naturaleza, pero era idiota. Casi tanto como vosotros, hombres.

No te pido que me vuelvas a soltar todo el rollazo, monina- Continuó- Digo que no tienes ni puñetera idea de lo que hablas. El hombre, como ser en sí, no como término que engloba a toda la humanidad, es un individuo. Y los individuos tienen algo que se llama “disparidad de conducta”. No hay dos iguales, si bien, pueden ser similares. Y por tanto, y si te pierdes dímelo y te lo repito, es incorrecto pensar que todos y cada uno de ellos van a actuar según un mismo patrón. Es decir, tu inquebrantable moral, podrá ser seguida por algunos y violada por otros. Igual que tú puedes pisotear a una abuela en las rebajas o puedes dejarla que coja el último blusón de seda. (El comentario también me ofendió, al encuadrar mi moral en un centro comercial en rebajas, pero lo dejé pasar). Tú eliges. Es cierto que algunas sedas son muy seductoras, pero depende de lo mucho que te guste el blusón, y del respeto que tengas a la abuela.

Estuve tentada en preguntar si el blusón era gris perla, liso o con estampado, para evaluar el grado de tentación. Pero me contuve y seguí escuchando con mi cara de ofendida estándar.

¿Me estás diciendo que podría estar justificado una compra loca de un blusón satinado, si éste lo vale?- Pregunté creyendo haber encontrado el punto frágil del razonamiento.

Claro. Y te estoy diciendo que morrees al camarero ahora mismo porque su camisa es “divina”. No seas tonta- Inclinó la cabeza hacia delante, acercándose a mí- Digo, que para algunos, el blusón será estímulo suficiente para cargarse a la abuela a bolsazo limpio. La vida es dura, mujer. Y las rebajas salvajes.

Y desde entonces las blusas y sus perchas se me antojan sucias rameras provocadoras…


S.S

P.D: Con Punset salvo a cinco…(Evitad la rima fácil).

PD2: Y con los Reyes Magos, ocho (¡Mierda! Rima con bizcocho,

¡Rimadlo con bizcocho...!).

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domingo, 2 de enero de 2011

Año Nuevo

Amanece en Madrid. Siento que mi cuerpo flota y que la cabeza me da vueltas. El Año Nuevo me ha traído sabores que no recordaba bien, paladeo los últimos destellos.

“Cuando la luz golpea tus ojos me dice que tengo razón”- Canto bajito en un inglés cerrado por la falta de horas de sueño y el exceso de mojitos. Y entonces, el Sol me toca en el hombro y me pide permiso para intervenir, e ilumina todo aquello que pensé que estaba demasiado oscuro para mirar.

Y decido quedarme. Y si estoy así es sólo culpa tuya. Y decido quedarme. Y si estoy así es sólo culpa mía. Y decido quedarme…

Amanece en Madrid. He guardado la última noche, y tirado los últimos años, estaban viejos. Y me he comprado un par de zapatos altos, porque tu boca así queda menos lejos.

Y decides quedarte. Y si estoy así es sólo culpa tuya. Y decido quedarme. Y si estoy así es sólo culpa mía. Y no quiero irme. Y si estás así es sólo culpa tuya. Y no quieres irte. Y si estás así es sólo culpa mía. Y te sigo cantando...

“Just tonight I will stay,

and We'll throw it all away,
when the light hits your eyes,
It's telling me I'm right,
and if I,
I am through,
then it's all because of you,
just tonight.”

S.S

jueves, 23 de diciembre de 2010

Diciembre

Hoy me he despertado tarde. Caótica. Acelerado el pulso y nublado el corazón. Hoy se me atragantaba el alma y me moría de calor.

Al incorporarme, la sangre me ha golpeado las plantas de los pies, y uno de ellos se ha atrevido a tocar el suelo. Pálido, frío, débil e inestable.

EL otro le ha seguido, temeroso de torcerse, temeroso de no ser capaz de soportar el peso del día. Pero me he levantado.

Hoy, he mirado mi mesa desordenada, llena de libros sobre patologías y trastornos, que me recuerdan que por la boca también puede morir el pez. Me recuerdan, que a veces hablamos de más, que tú no pudiste decir todo y que hoy no voy a llorar, que la vida es corta, perra y ramera, y que cada día que pasa, te extraño más.

Ayer, mi cabeza decidió rebelarse y montar una fiesta salvaje a la que invitó a todos mis miedos y muertos. Juntos, amordazaron a las poquitas ganas que tenía yo de reír, torturaron a mis esperanzas y se rieron de que fuera feliz. Pero me reí con ganas. Y mejor, también hice reír.

Hoy ya no llueve, hoy el sol se aventura a asomarse tímido. Hoy no hace frío. Hoy no sé hablar. No puedo pensar. No sé siquiera, aún, si esto es real.

Hoy, puede que el cielo no atrone, pero yo al mirarlo, sigo viendo, un gris y triste día del Diciembre.

Hoy, puede que el cielo no atrone, pero cada año que pasa,más siento que me dejaste sola, cargando con tu nombre.

¿Dónde estás corazón? ¿Dónde te has metido? Oye mis gritos, corazón, el cielo lleva siete años escondido.


...Vuelve.


S.S

jueves, 9 de diciembre de 2010

Sara

Sara decidió no quererse más y sin más, se propuso destruirse poco a poco. Porque del amor al odio, hay un paso, y Sara lo dio hoy a Medianoche.

Cargando en su petate las pocas cosas que no le habían comprado sus padres, y con una patada en el trasero, la saltaron al Mundo, frío y lluvioso de diciembre, que la recibía húmedo en un parque lleno de borrachos.

No devolvió las llamadas. No respondió a los gritos amigos que volaban en su búsqueda. No dio señales de vida, porque se veía muerta y se quería inerte.

Días antes, en el probador de “Bershkarius” una dependienta miraba con pavor las cicatrices de dolor, que Sara lucía en sus brazos. Líneas de piel mal curada lamían sus brazos y muñecas de arriba a abajo. Sus costillas pedían a gritos alimento. Ella, ya ni siquiera comía.

Y poco más puede añadirse a este relato inconexo, fresco y feo. No apareció aquella noche y se dejó caer en un bucle de malos hábitos y no buenas decisiones. Estás hasta el cuello, querida, el barro te llega a la altura de tus poco alegres ojos.

Lástima de juventud la suya, que por no tener experiencia en el amor, se escudó en su vergüenza y no acudió a los que la querían.

Lástima de escaso conocimiento, de pocas luces que alumbren sus tinieblas.

Lástima, que no se aferra a la mano que le tienden, que la muerde y la rehúye, que parece que le quema.

Sara.
Lástima ella.

Sara, salió corriendo, se roció las alas con oscuridad y se sepultó en su encierro



S.S






Saturno

Podría haberlo escrito en el intervalo. En ESE intervalo. Ya sabes, él se despedía, se acercaba un momento a la puerta, grande, conciliador y hacía alguna broma eh, ya no podemos creer en nadie, jeje, ya sabes, jeje, bueno, si llaman estoy en el móvil, hasta luego. Y después se iba, se completaba la interacción y ya comenzaba la siguiente historia. Pero seguía ahí, al cabo de dos minutos acababa la canción y lo oías mover las llaves o carraspear. En ese momento no tenía ningún sentido despedirse ya, era tan descorazonadora esa solemnidad, era un pequeño Babel en miniatura, la más pequeña unidad de rechazo o quizás. Quizás era una rendición pactada, sí, creo que era algo así. Era una rendición rutinaria, un desgarro emocional crónico, un suspiro a ritmo lento de metrónomo, no más de dos o tres veces por semana. A él supongo que le desgastaba. Yo seguía tumbado, mirando al techo, valorando la condición humana en su conjunto, canturreando un poco, sí, la vida humana en su conjunto o tomados de uno en uno, son como polvo, no son nadie, no son naaaaadie.