De la columna, hermana
hasta el ángulo del último piso.
De la tierra, que encarna
el suelo y el paso fijo.
Y del cielo, mi amor
ahora que viene la calor
a romperme con su sed los huesos
porque esos sólo curan con lluvias de besos.
¡Ay de aquel tiempo perdido
que tantas veces he vuelto a lamentar!
¡Ay, de otros días benditos
que no volverán jamás!
Ay, de mis memorias,
cuando vienen por mi tortura
Ay de ti,
que causas y calmas mi locura.
S.S